Qué es el dolor…?

El dolor es el más penoso y constante síntoma que acompaña a la enfermedad. Es tan viejo como la propia humanidad y ha formado parte, y forma parte, de la misma de una forma indeleble.

La historia del hombre es, de alguna forma, la historia del dolor. Es conocido por todos los seres humanos. El que afirme que no lo ha padecido aún, solo tiene que tener un poco de paciencia (Séneca). Es, por tanto, una vivencia consustancial a la propia existencia del ser humano, independientemente de cualquier otro atributo o condición de la persona: sexo, raza, pobreza, riqueza, nobleza. Podríamos decir que es el síntoma más democrático. Como afirmaba el sacerdote y filósofo George Herbert “La corona del Rey no alivia su dolor de cabeza”.

Hablamos, por tanto, de un “viejo conocido”. Un compañero de viaje de la raza humana a lo largo de la historia. Si hay algo que nos une, que nos iguala a todos los hombres, es la experiencia de dolor. Es por todo ello un fenómeno universal. Conocido por todos, vivido por todos en su multitud de variantes y matices. Es lo más humano entre lo humano.

Hoy en día sigue siendo el principal síntoma por el que acudimos a la consulta de nuestro médico de cabecera.

Con esta “familiaridad” que tiene el ser humano con el dolor parecería baladí definirlo, pero ahí es donde, precisamente, encontramos el principal problema.

Siendo el dolor, como hemos comentado, un síntoma tan común, tan extendido y tan intemporal, es difícil encontrar una definición. Sabemos lo que es pero somos incapaces de definirlo: cosas como “molesto”, “intenso”, ”profundo”, o la redundancia “algo que duele” o los típicos giros granadinos de “un recocío” o “un dolor que pa qué”, son expresiones comunes que los pacientes nos responden cuando les preguntamos cómo es su dolor o qué entienden por dolor.

A lo largo de la evolución humana la conceptualización del dolor y, por tanto, su tratamiento se ha centrado en una visión biomédica. El dolor era un mecanismo de defensa que activaría una señal de alarma que protege del daño al organismo. Desde esta concepción lineal del fenómeno del dolor, se consideraba que la intensidad sería directamente proporcional al daño sufrido.

Esta concepción lineal del dolor ha sido superada en la actualidad, aunque no parece ser así si nos asomamos al Diccionario de la RAE. Nos aporta dos acepciones; “sensación molesta o aflictiva” y “sentimiento de pena y congoja”. Pero es una mera sensación el dolor? Es como el frío o el calor, una sola sensación?

El dolor es algo más, en la década de los 70 la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) lo definió como una experiencia desagradable, sensitiva y emotiva, asociada a daño tisular real o potencial. Por lo que el dolor presenta una triple dimensión: Dimensión Sensorial, es discriminativa, localiza y percibe las características del dolor. Dimensión Cognitiva, evaluativa, analiza, interpreta el origen y causas del dolor y prepara una reacción y Dimensión Emotiva, afectiva, estará relacionada con experiencias anteriores y componentes sociales, culturales y familiares. Y en virtud de la conciliación de estos componentes multifactoriales, el dolor vendrá acompañado de depresión, ansiedad o sufrimiento, que a veces, precederá al dolor o existirá sin él.

El dolor, como vemos, trasciende de las lindes de la sensación para convertirse en algo más complejo y abigarrado que termina invadiendo y alterando nuestra calidad de vida, nuestra autonomía individual y hasta nuestra posición social y familiar. Como decía el teólogo, filósofo y médico Albert Schweitzer: “El dolor es para la humanidad un tirano más terrible que la misma muerte”.

Ignacio Velázquez Rivera
Vicepresidente de la Asociación Andaluza del Dolor
Médico experto en dolor